Los hijos olvidarán

Texto reproducido de TodosEnFamilia
Foto: Jude Freeman

El tiempo es un animal extraño. Se parece a un gato, hace lo que le da la gana. Te mira astuto e indiferente, se marcha cuando le suplicas que se quede y se queda inmóvil cuando le pides por favor que se vaya. A veces te muerde mientras ronronea o te araña mientras te besa.

El tiempo, poco a poco, me liberará de la extenuante fatiga de tener hijos pequeños. De las noches sin dormir y de los días sin reposo.

De las manos gorditas que sin parar me agarran, me escalan por mi espalda, me cogen, me rebuscan sin restricciones ni vacilaciones. Del peso que llena mis brazos y dobla mi espalda. De las voces que me llaman y no permiten retrasos, esperas, ni vacilaciones.

El tiempo me devolverá el ocio vacío de los domingos y las llamadas sin interrupciones, el privilegio y el miedo a la soledad. Aligerará, tal vez, el peso de la responsabilidad que a veces me oprime el diafragma.

El tiempo, sin embargo, inexorablemente enfriará otra vez mi cama, que ahora está cálida de cuerpos pequeños y respiros rápidos. Vaciará los ojos de mis hijos, que ahora desbordan un amor poderoso e incontenible.

Quitará desde sus labios mi nombre gritado y cantado, llorado y pronunciado cien, mil veces al día. Cancelerá, poco a poco o de repente, la familiaridad de su piel con la mía, la confianza absoluta que nos hace un cuerpo único. Con el mismo olor, acostumbrados a mezclar nuestros estados de ánimo, el espacio, el aire que respiramos.

Llegarán a separarnos para siempre el pudor, la vergüenza y el prejuicio. La conciencia adulta de nuestras diferencias.

Como un río qué excava su cauce, el tiempo peligrará la confianza que sus ojos tienen ante mi, como ser omnipotente. Capaz de parar el viento y calmar el mar. Arreglar lo inarreglable y sanar lo insanable.

Dejarán de pedirme ayuda, porque ya no creerán que yo pueda en ningún caso salvarlos.

Pararán de imitarme, porque no querrán parecerse demasiado a mi. Dejarán de preferir mi compañia respecto a la de los demás ( ¡y ojo, esto tiene que suceder! )

Se difumnarán las pasiones, las rabietas y los celos, el amor y el miedo. Se apagarán los ecos de las risas y de las canciones, las nannas y los “Había una vez” acabarán de resonar en la oscuridad.

Con el pasar del tiempo, mis hijos descubrirán que tengo muchos defectos y, si tengo suerte, me perdonarán alguno.

Sabio y cínico, el tiempo traerá consigo el olvido.

Olvidarán, aunque yo no lo haré. Las cosquillas y los “corre corre” , los besos en los párpados y los llantos que de repente paran con un abrazo. Los viajes y los juegos, las caminatas y la fiebre alta. Los bailes, las tartas, las caricias mientras nos dormimos despacio.

Mis hijos olvidarán que les he amamantado, mecidos durante horas, llevado en brazos y de la mano. Que les he dado de comer y consolado, levantado después de cien caídas. Olvidarán que han dormido sobre mi pecho de día y de noche, que hubo un tiempo en que me han necesitado tanto, como el aire que respiran.

Olvidarán, porque esto es lo que hacen los hijos, porque ésto es lo que el tiempo elige.

Y yo, yo tendré que aprender a recordarlo todo también para ellos, con ternura y sin arrepentimiento, ¡gratuitamente! y que el tiempo, astuto e indiferente, sea amable con esta madre que no quiere olvidar.

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La maternidad como un espejo

Por Loreto Hagar*
@revolucionutricional

Mi primera maternidad llegó cuando me creía resuelta, segura de lo que quería y de lo que era capaz; estaba tranquila con mi camino y mi misión, sin miedos. La vida fluía y yo la disfrutaba, todo andaba bien. Entrar a este mundo y mantenerme por un tiempo ahí con mi primer hijo, lo viví de forma tan intensa y desbordante de felicidad, que no me dio tiempo para cuestionarme mucho. Sin embargo, intuía que algo había, algo que me inquietaba. Una inconformidad permanente por algo que no me dejaba ser al 100%. Entonces no lo podía ver.

Creo que eso que permanecía latente, hizo que con mi segunda hija las cosas fueran distintas. Desde la semana 23 de embarazo estuve en reposo y ella tuvo alergia alimentaria desde los 3 meses de edad. Hubo instancias dolorosas, intensas, pero que al mismo tiempo me han mantenido 15 meses en casa, conmigo y con mi familia: mi compañero de vida y mis dos hijos. Hoy ya casi de salida de este proceso intenso de crecimiento personal por sobre todo, pero también de pareja y de familia, les puedo compartir mi experiencia.

Comprendí que nuestras maternidades no son en vano, no es solo nuestro hijo aquel pequeñín que no nos deja dormir y amamos tanto amamantar. Ellos están fusionados a nosotras y cada manifestación de ellos es un espejo de lo que estamos sintiendo en ese momento. Poner atención, mirar bien, buscar, encontrar, enfrentar, aceptar y comprender lo que les/nos pasa será la única salida a la culpa. Solo reconociéndonos frágiles, vulnerables, cansadas, locas, brujas, lograremos liberarnos y aceptar no más como vengan las cosas. Y lograremos ser felices y solo gozar de la vida.

Como dice Deepak Chopra: “La libertad es no tener una historia por defender.”

Nuestros niños nos eligen, seamos la mejor mamá que podamos ser y que nuestros hijos estén como mejor puedan estar y nunca olvidemos que mientras nosotras estemos felices y gozando, ellos también lo estarán.

Recién voy de salida, pero el empezar a dejarme fluir me ha gustado, el proponerme no hacerme atado por cosas que no valen la pena me ha ayudado, dejar de escuchar opiniones de otros con respecto a como crío me ha ayudado, confiar en la forma de crianza de las abuelas y que quizás hagan cosas que a mi no me gustan y le den dulces que no quiero que coma, no puedo controlarlo todo! Para que me voy a tirar más pega encima si ya estar con mi pequeño o pequeña me significa un desgaste físico y emocional importante, para que más? Y me he empezado a sentir más libre y como se va la culpa, me voy sintiendo más clara y más segura y eso colabora en mi proceso de que no me importe lo que digan, proponérmelo me ha servido mucho. Y así voy, averiada pero dispuesta, frágil pero muy motivada.

Gracias a mi hijo e hija por mis dos maternidades, la mejor experiencia de mi vida para encaminarme a ser libre y feliz.

*Loreto Hagar es médico, terapeuta en medicina oriental, coach de salud y nutrición integrativa IIN. www.revolucionutricional.cl

La llave que descubrí

Antes de ayer, a la hora de dormir, mi hija que ya tiene 1 año y 7 meses estaba HIPER activa, pero con sueño. Estábamos acostadas, con la luz apagada. Le canté, conté cuentos, dejé que gastara su energía recorriendo la cama o intentando jugar al caballito con el gato, volví a cantarle y nada. Tenía sueño, pero no podía dormir. “A veces las guaguas mañosean porque les cuesta conciliar el sueño”, me dijo mi sabia madre cuando mi hija tenía uno o dos meses de nacida, la mejor lección. Ayer era uno de esos días.

Entonces, la acurruqué junto a mí y muy intuitivamente comencé a hablarle de modo lento, calmado, susurrando, como cuando se entra a una meditación: “vamos a cerrar los ojitos… Vamos a respirar… Vamos a sentir cómo el cuerpo se relaja… Vamos a descansar, a dejar que nuestra mente y cuerpo descansen”. Listo. Se durmió en tres o cuatro minutos, lo juro. Pensé que había sido coincidencia, que simplemente ya había llegado el sueño. Pero ayer, al hacerla dormir, le conté un breve cuento y me fui directo al grano: voz de meditación, palabras de relajación. Listo, no me demoré más de 3 minutos. Fue bien impresionante.

Convencida de que estaba abriendo una puerta mágica con esta nueva técnica, me puse a googlear y llegue a un paper buenísimo, aunque bastante técnico, que entre otras cosas habla de cómo los padres influyen en la autorregulación emocional de los bebés y que esa regulación influye además en la autoorganización de la mente, en la estructuración del psiquismo del bebé. La clave es la capacidad que como padres tenemos de transformar los estados afectivos de ellos. Es algo que me abruma un poco, la verdad. Esto de que hasta el último eslabón de la cadena depende de cómo actuemos es algo inquietante. Pero podemos mirarlo de otro lado. Tenemos un poder. Algo a nuestro favor, una especie de don. Los niños aprenden RAPIDISMO. Absorben, imitan, se conectan de una forma impresionante con lo que les mostremos. Yo siento que descubrí una llave secreta, que pasé de mundo en SuperMario o algo así. Así que la seguiré usando, estudiando y ampliando. Seguro hay miles de llaves más.

 

Lactancia materna en primera persona 

Si me hubiesen preguntado hace un año que expectativas tenía con mi lactancia, habría respondido que esperaba dar seis meses pecho exclusivo -de preferencia en un horario amigable- y luego comenzar a destetar de alguna rápida y mágica manera que surgiría sin dolor para ninguno de los dos… Supongo que somos muchas las que hemos imaginado cosas de nuestra maternidad que luego quedaron en el olvido.

En mi caso pronto cumpliremos un año de lactancia exclusiva, a demanda y no hay planificado destete aún. Ha sido un año de esfuerzos, de algunos contratiempos de los que nunca leí hasta que sucedieron: como la segunda noche de alta demanda en la clínica, las crisis de lactancia, la extracción en mi trabajo para continuar la lactancia exclusiva, entre otros, pero sin duda ha sido una lactancia maravillosa, que me ha llenado de satisfacciones y aprendizajes que me han movilizado de tal manera, que hoy estoy terminando mi formación como asesora de lactancia materna, tan sólo porque estoy convencida de que la lactancia es un factor protector inigualable en la primera infancia. No sólo es nutrición, sino toda la nutrición que nuestros niños necesitan hasta los seis meses de forma exclusiva y hasta los dos años o más de forma complementaria. La leche materna es inmunidad, como órgano vivo, “trasplanta en el niño menor la experiencia inmunológica de su madre adulta”. Esta experiencia biológica es única e irremplazable y marca la salud de nuestros hijos a lo largo de toda su vida. 

La leche materna no es en ningún caso “el apego”, pero la lactancia materna es un escenario inigualable en el que podemos cubrir las necesidades afectivas y de protección de nuestros hijos y en que sí, podemos ser una figura de apego y fomentar un apego seguro en nuestros hijos; pero el apego es mucho más que esto y es bueno desmitificarlo por todas las madres que no han podido o no han querido amamantar.

No puedo decir que no he dudado, ya que al ser el pecho materno un lugar de contención tan único, no hay espacio aún para el desarrollo de la autonomía con los estándares que la sociedad espera… pero luego me recuerdo a mí misma que debe ser así, que ese nivel de seguridad que entrego a mi hijo le permitirá después experimentar seguridad en su entorno y que la “autonomía” no es propia de esta edad, que en el fondo vamos bien de esta manera.

Hoy no evaluó expectativas, hoy simplemente agradezco la oportunidad de amamantar a mi hijo cada día y cómo este acto ha sacado lo mejor de mí. 

Cosas que aprendí con mi segundo hijo

Mi hija mayor tenía apenas algunas semanas y un comentario que me quedó grabado a fuego fue el de una prima que con su mejor tono me dijo “…y uno cree que con el segundo es más fácil, pero NO”. No le tomé importancia en ese momento, pero recuerdo haber pensado que eso era imposible; imposible que no fuese más fácil con el segundo… El momento llegó casi 13 años después y, lejos de poder definir si ha sido más fácil o no, hoy reflexiono acerca de las cosas que he aprendido en esta segunda maternidad. 

  1. Pedir ayuda. Si bien es algo que a nivel personal me cuesta bastante, con esta segunda maternidad he aprendido a pedir ayuda. Simplemente me di cuenta que había mucha gente a mi alrededor dispuesta a ayudarme y que era sano para mí y mis hijos, recibir esa ayuda.
  2. Una vez se estableció nuestra lactancia, le ofrecí de mi propia leche en mamadera; y esto que hice de forma ocasional, me ayudó muchísimo para mantener la lactancia una vez que volví al trabajo y también para tener pequeños espacios para mí. 
  3. No sólo cada hijo es único, también ejercemos nuestra maternidad de forma diferente con cada hijo. Que algo nos haya resultado en la crianza con nuestro primer hijo, no dice mucho de cómo será nuestra experiencia con el segundo. Con el tiempo aprendí a respetar estos aspectos individuales, lo que sin duda impacta disminuyendo el nivel de estrés y/o exigencia que puede aparecer en este periodo. 
  4. Comprendí la importancia de soltar; ahora intento darme más tiempo en otros ámbitos de mi vida, salir con mi compañero, buscar espacios propios, etc. 
  5. Aprendí a escuchar menos el resto y a seguir mi instinto. Descarté cuánto consejo llegó que no fuese compatible con mi forma de ser mamá y actualmente agradezco que hoy puedo ser leal con mis principios y tengo más fuerza para seguir mis convicciones. 

Por el derecho de mi hija a ser amamantada

Por Yannina Aliaga, abogada / 

Durante las primeras semanas de vida de nuestra pequeña Julieta, una de las principales limitaciones para retomar la rutina y volver a la “vida civil”, fue el tema de la lactancia. Decidir amamantarla no fue algo fácil, ya que la libre demanda no distingue hora y mucho menos lugar, sin duda que pierdes independencia y libertad, por lo que entiendo perfectamente a aquellas madres que por diversos motivos no pueden o no quieren hacerlo. Porque amamantar puede ser una tarea titánica, seas madre primeriza o no. Aparte de tener que acomodarte forzadamente en una plaza o café, intentar lograr el acople perfecto para evitar que la guatita se le llene de aire, debes soportar las miradas lascivas de hombres (sí, es terrible) e inquisitivas de mujeres que de solidaridad con el género poco saben. Pero créanme que soportar eso y atreverme a sacar la pechuga en cualquier lugar, hoy lo hago con la plena convicción que no se trata de un derecho conquistado por modernas mujeres, sino que del derecho de mi hija a ser alimentada con leche materna cada vez que tenga hambre. Un derecho del niño o niña, protegido por la Convención Internacional de Derechos del Niño, ratificada por Chile y por tanto con carácter obligatorio y vinculante para el Estado y todos sus ciudadanos.

Sabido es que la Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y luego mantenerla hasta los dos años de edad. Con el correr de los años se han implementado una serie de políticas públicas por parte del Estado de Chile con el fin de promoverla, como el posnatal de seis meses y la ley de derecho de alimentación de los hijos menores de dos años que, contrario a lo que se puede creer, son derechos que se reconocen a los hijos e hijas y no a la madre trabajadora.

Asimismo, son absolutamente ilegítimas y arbitrarias todas aquellas acciones que intenten restringir el que amamantemos a nuestros hijos e hijas en público, por lo que bien podríamos resguardar su derecho por medio de acciones legales como el recurso de protección. Entonces, si mi hija siente hambre ¿por qué debo restringirme de alimentarla en público? ¿Es válido que un tercero argumente que me encuentro en un sitio que se reserva el derecho de admisión? Estas preguntas las respondo de forma categórica con un NO, ya que nos encontramos frente a un derecho humano de nuestros niños y niñas, de carácter universal. Un derecho del que nadie los puede despojar.

5 consejos que NO deberías seguir para tener una lactancia exitosa

Por Florencia Monje, asesora de lactancia (*)

  1. “Yo tuve poca leche y de mala calidad, no te sorprendas si te pasa lo mismo”

La producción de leche sigue la ley de la oferta-demanda; a mayor succión mayor producción. Mientras el bebé succione, habrá leche. La hipogalactia (baja producción de leche) real es muy rara. En general, que una mujer no tenga suficiente leche no tiene que ver con algo fisiológico, sino con que el bebé está poco en el pecho. La calidad de la leche materna es siempre buena y específica para cada guagua, aún en madres malnutridas. Y no existe aquello de “familias malas lecheras”, cada mujer es capaz de producir la leche que su guagua necesita en la medida que se respete la fisiología del amamantamiento y necesidades del bebé.

  1. No le des antes de 3-4 horas, si no lo vas a mal acostumbrar”

Una de las cosas más importantes para asegurar el éxito de la lactancia es la libre demanda. Esto quiere decir, ofrecerle el pecho al bebé cada vez que lo pida, cuantas veces sea necesario, y hasta que se suelte espontáneamente. En resumidas cuentas, olvidarse del reloj. Esto nos asegura una adecuada producción. Por lo demás, las demandas de alimentación no son iguales en todas las guaguas ni en la misma guagua en distintas etapas. Existen las llamadas “crisis de lactancia”, donde el bebé tiene picks de crecimiento, por lo tanto demanda mucho pecho para que la mamá pueda aumentar su producción. Si no hacemos caso de los requerimientos de nuestro hijo porque pensamos que llora para manipularnos o que se va a mal acostumbrar o que es imposible que tenga hambre si le dimos hace una hora, lo que va a pasar es que no produciremos la cantidad de leche que requiere.

  1. “Tienes que darle 10 minutos de un lado y 10 minutos del otro”

Un poco parecido a lo anterior. La libre demanda no es sólo darle cuantas veces quiera, si no que hasta que ya no quiera más. La leche materna no es homogénea en su composición. Al principio de la toma es más acuosa y después viene la parte más grasa. Si le damos algunos minutos de un pecho y luego lo cambiamos al otro también por unos minutos, lo que va a pasar es que no va a llegar a la parte más grasa y puede presentar problemas de peso. Y ahí es cuando escuchamos la célebre frase: es que tu leche es delgada. No, eso no existe, que quede claro.

  1. “Sentir dolor es normal”

Uno de los consejos más nefastos. Nadie tiene que sufrir, muy por el contrario, podemos disfrutar! El dolor es signo de que algo no anda bien, y lo más probable es que haya un problema de acople, es decir, que el agarre de la boca de la guagua al pecho no sea el correcto. Muchas veces agarran sólo el pezón, cuando lo que debe ocurrir es que tomen parte de la areola también. En general los problemas de acople son fáciles de corregir y eliminan el dolor en las tomas. Ojo que al principio puede haber sensibilidad de la piel, pero pasa a medida que la toma avanza y desaparece en algunos días o semanas como mucho.

  1. “A partir de los 6 meses la leche es agua y no alimenta”

La leche materna mantiene intacta su calidad siempre, independiente de la edad del lactante. Tanto así, que varía su composición según los requerimientos nutricionales del niño a distintas edades. La OMS recomienda la lactancia exclusiva los primeros 6 meses de vida y junto a alimentación complementaria hasta los dos años. Cada mamá y su guagua son libres de decidir hasta cuando amamantar, y no existe evidencia científica que ponga un límite superior.

(*) Florencia dará un taller de lactancia dirigido a mujeres gestantes, el jueves 4 de mayo de 10 a 12:30 hrs (sector del Metro Manquehue). Además, realiza asesorías de lactancia pre y post natales. Más información en: gestaluztalleres@gmail.com

No soy la mamá Pinterest

Por Javiera Rossel, periodista

Típico que antes de ser madre una tiene una imagen ideal sobre la crianza que le entregará a sus retoños, cosas que llevadas a la práctica resultan graciosas de lo ingenuas que eran. Pero claramente la mamá perfecta que estaba en mi cabeza, no se parece en nada a mí. En mi caso hay tres situaciones, que juré que jamás haría con mi hija, pero finalmente me veo aquí mordiéndome la lengua, viviendo lo mismo que el meme de ficción v/s realidad que tanta risa provoca. Sigue leyendo “No soy la mamá Pinterest”

No compares a mi hijo

Hace no mucho tiempo atrás, al preguntarle a una de las educadoras de la sala cuna cómo había estado ese día mi hijo, me respondió que bien y acto seguido, sin ninguna pausa, me dijo que aún no gateaba y que otro niño de menor edad ya lo hacía. No le tomé importancia en ese momento, pero después comenzó a molestarme el hecho de que esta profesional tuviera tan poca consideración de los tiempos de mi guagua, tan baja empatía conmigo y que trabajara con paradigmas tan equivocados. Sigue leyendo “No compares a mi hijo”

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