Columnas

La presión social de que nazca LUEGO

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41 semanas exactas. ¿Quién dijo guata grande?

Me dediqué todo el embarazo -inocente primeriza- a decir que estaba segura que mi guagua se iba a adelantar de la fecha probable de parto, porque ya sentía un poco de contracciones desde la semana 36, o porque en mi familia materna los embarazos se adelantaban siempre, o porque tenía una enorme guata, o porque mi matrona lo dio a entender, o porque yo simplemente estaba segura que así sería. “Todas las embarazadas piensan eso”, me dijo mi ginecólogo en la semana 39, cuando no había ninguna luz de que viniera pronto el parto. Apliqué cuanto secreto me dijeron, mientras que al menos cinco personas al día me preguntaban por whatsapp si había novedades. (“Ninguna novedaaaaad?”, así con ese tono agudo o seguido 30 signos de interrogación). Llegando a la semana 40 yo tenía ya varias contracciones al día, pero no, no había ninguna novedad.

Cumplir 41 semanas era la fecha tope: de ahí, habría inducción y –sabiendo que el 80% de ellas termina en cesárea y ese no era mi escenario ideal–, el tema me tenía media nerviosa. Esa fue la semana más larga y no fue fácil. Me preguntaban cada media hora si “había novedad” (¿pensarían que les respondería: “¡Sí, está naciendo ahora!”?), me sugerían sutilmente que era mejor una cesárea RIGHT NOW, o me hacían el clásico comentario de que “no quería nacer”. Es bacán tener el apoyo de la gente que te quiere, saber que están pendientes, alertas, que quieren ser parte del gran momento. Es bello eso. Pero hay una línea, que es delgada, y que la gente suele cruzar a menudo por falta de sutileza o empatía. Lo he hablado con otras amigas que tuvieron a sus guaguas después de la semana 40, y hemos coincidido que hay una especie de presión social porque nazca luego, como si fuera decisión de una. Incluso, hay cierto miedo alrededor, porque se cree que el hecho de nacer “tarde” es malo para la guagua, casi que nacen con problemas. Y eso es una alarma innecesaria.

No sé de dónde viene ese rumor, pero mi ginecólogo se encargó de derrumbarlo por completo. Mi cuñada matrona (que fue un dulce), también. La OMS dice que se puede esperar hasta las 42 semanas y que está todo bien; que nacer en la semana 40 o la 42 no representa ninguna diferencia y que definitivamente es mejor el parto normal que la cesárea, así que vale la pena esperar. Pero es heavy tener que afirmarse de ese tipo de informaciones para no sucumbir al temor que, a esas alturas, para cualquier primeriza es bastante. Cuando lo que en realidad uno necesita es que la gente alrededor esté tranquila (¡algunos parecen hasta más nerviosos que una!).

Dios mediante, mi guagua nació muy bien, en la semana 41 + 1 día, después de una inducción que duró un día entero y de una cesárea -respetada- que recuerdo con mucho cariño. Nunca se encajó, PERO NO porque no quisiera nacer, sino porque mi pelvis es estrecha para todo el peso que yo había acumulado desde hacía varios años. Esa es la razón desde la lógica, y de seguro hay otras más místicas, que no profundizaré hoy, pero que deben existir. En temas de naturaleza, uno no tiene control. Esa fue mi lección. Un solo nacimiento, uno solo, encierra tantas variables, tantos misterios, que el respeto por ellos es esencial. Y es bueno que el resto también lo respete así.

 

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