Columnas

Un oasis en medio del fuego

Muy cerca de varias localidades afectadas por los incendios está Putú, un poblado de la región del Maule que se transformó en centro de acopio rápidamente. Mientras pasa sus vacaciones en la zona, una madre junto a sus dos hijas reflexiona sobre cómo contenerlos en estos momentos.

Por Valentina Soto Albornoz

image.jpg

Empezaron las vacaciones y, como siempre, me vine a mi amado Putú, un pequeño pueblo entre el mar y la Cordillera de la Costa en la región del Maule, donde nació mi abuelo y donde siempre encuentro un cobijo ancestral. Esta vez era más especial, porque traía por primera vez a mi segunda hija, quien nació hace poco más de un mes. Putú se convertía en un refugio para estos primeros días envueltos en leche materna y sonrisas.

Cuando llegué los incendios estaban apenas comenzando. Pero de un momento a otro, empezó todo a volverse un poco más denso y más tenso. Las llamas estaban cada vez más cerca del pueblo, y había además una sensación de que estaban en todos lados, al mismo tiempo. Recuerdo otros veranos en donde también había incendios, pero siempre estaban concentrados en un lugar. En cambio, esta vez todo era distinto. Rondaba la incertidumbre, nadie sabía qué estaba pasando, por qué estaban sucediendo, de dónde venían. Así, de repente, me vi envuelta junto a mis dos hijas y mi hombre en medio de la catástrofe forestal más terrible de nuestra historia, aclarando que afortunadamente Putú ha sido un oasis que se mantiene a salvo: a nuestro alrededor, sin embargo, por todos lados hay fuego.

Mientras Putú comenzaba a transformarse en un centro de acopio, de ayuda organizacional, donde llegan muchas personas y desde aquí acuden a pueblos que están a un par de kilómetros como Carrizal o Macal, que están tremendamente dañados, yo me quedaba en casa amamantando y mirando por la ventana. En medio de estos cielos más anaranjados que de costumbre, en medio de estos cielos tristes. Mi hija mayor, de cinco años, me ha preguntado, con sus ojos llorosos, si Talca -donde vivimos- también está quemado; si volverá a ver a sus amigos. Le he dicho que su entorno está bien y que agradezcamos por eso, mientras veo a mi otra hija de un mes y pienso en las madres que con sus recién nacidos en brazos tuvieron que evacuar sus pueblos. Tengo la sensación de que la ceniza que es como un llanto. Pienso, también, que me encantaría ponerme mis bototos y salir a ayudar, aunque sea dando una mano, un cariño a esas otras madres. A veces una siente que puede o debe ser súper héroe. Yo estoy acostumbrada a moverme de un lado hacia otro, siempre. Entonces, es también un aprendizaje entregarse a la división del equipo, acunarme en la visión de que yo estoy en una gran tarea: amamantando a mi pequeña y conteniendo a la más grande. Y tratando de transformar cualquier emoción negativa: sentirla, primero, y luego transformarla con respiraciones profundas en mucho amor. Desde la fortuna de poder estar a salvo, agradezco y me conecto con otras formas de ayuda como el rezo, la meditación, la visualización o el reiki a distancia. Y sobre todo con la guarida en la que uno se convierte para sus propios hijos.

Anuncios

1 comentario en “Un oasis en medio del fuego”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s