Columnas

Por qué optamos por el “BLW”

16780485_10210564208796661_635184823_nPor Natalia Núñez, psicóloga

Al llegar a los cinco meses de vida de nuestra hija, realizamos el control de rutina con su pediatra, quien nos dio la indicación de que a los seis meses incorporáramos jugos de fruta y de a poco ofrecer alimentos, hasta llegar a una cantidad exacta de verduras, otros tantos gramos de carne, todo bien molido, idealmente pasado por todas las sedas para que nuestra hija estuviera bien alimentada y, por supuesto, con horarios de comidas, tomas de leche y siestas preestablecidas y concebidas para que no tuviera hambre “entre comidas”. Fue así como esperamos pacientemente que nuestra pequeña cumpliera los seis meses. Llegado el día, como padres primerizos, nos esmeramos en preparar su comida tal cuan había sido indicación del pediatra, pero para nuestra sorpresa, nuestra hija no quiso absolutamente nada. Nosotros nos frustramos mucho.

Unos días antes de esto, habían aparecido unas siglas extrañas y por curiosidad las busqué: BLW (Baby Led Weaning) que es la alimentación guiada por el bebé. Me interesó el tema ya que –según lo que mencionaban– fomentaba la autorregulación en los bebés, disminuía el riesgo de obesidad a largo plazo, promovía la introducción de la alimentación complementaria de manera respetuosa en los bebés y contribuía a la toma de decisiones de los pequeños. Me pareció muy interesante, pero como estaba segura que no tendríamos problemas, no pensé que eso sería una opción para nosotros. Así que ese día de frustración, las siglas comenzaron a hacer ruido en mi mente y comencé a investigar más.

Las noches de largas tomas nocturnas me dieron tiempo para leer mucho durante los días siguientes, pensando si mi hija estaba apta o no para comenzar con este método que se salía de lo convencional y, mucho peor, consistía en darle comida entera a los bebés que nunca habían comido sólidos. A riesgo de parecer desquiciada, comencé a indagar si es que mi hija cumplía los requisitos para comenzar: ¿Tenía interés por la comida? Claramente sí; ya había cumplido los 6 meses, edad mínima para la introducción de cualquier alimento diferente a la leche. ¿Tenía activo aún el reflejo de extrusión? Este es el reflejo que produce que los bebés boten o empujen con su lengua aquello que se introducen a su boca. Mi hija ya lo había perdido, lo que también es un requisito. ¿Se sentaba sola? Sí, nos pedía ayuda, pero luego de alcanzar la posición, se mantenía firmemente sentada, sin apoyo ni pérdida de equilibrio – en este último punto hay discrepancia, ya que quienes practican la filosofía pura del movimiento en libertad, consideran que el bebé debe llegar sin ayuda a la posición sentado, lo cual tiende a aplazar un poco el inicio de la alimentación complementaria, pero eso queda a criterio de los padres-. Como fuera, según este análisis, mi hija estaba lista para el BLW.

Mi compañero, quien logró identificar mis intenciones, escuchó mis argumentos y estuvo de acuerdo que comenzáramos a ver la respuesta de nuestra hija, no sin antes presentar sus aprehensiones que claramente eran las mismas mías: ¿y si se atora? ¿Comerá con la mano? ¿Botará la comida? ¿Cómo sabremos cuánto comió? ¿Y si no se alimenta bien? ¿Y si no sube de peso? Ya que siempre he sido bastante perseverante y debido a mi convicción que lo que estábamos haciendo iría en directo beneficio de nuestra hija, comenzamos. Nuestros cercanos se mostraron reticentes y hubo mucho que explicar y claramente mostraron la cuota de escepticismo, hasta criticándonos por estar experimentando con nuestra hija. A pesar de esto, continuamos.

Ser padres y madres es transitar por un sendero difícil y sorpresivo, pero disfrutando del más bello paisaje. Nuestras tribus comienzan a acercarse en torno a este nuevo ser y es ahí cuando comienzan los consejos que muchas veces entorpecen la decisión que como padres queremos tomar. Y esto se acentúa más aún cuando nos salimos del molde, de lo tradicional.

Con mucha paciencia, de un alimento por día lo más saludable posible en cada horario de comida familiar, cortado y cocinado de manera que no se dificultara su agarre y que además quedara lo suficientemente blando, manteniendo la compostura ante algún atoro, teniendo la disposición para limpiar el desastre que quedaba después de cada comida logramos ver los avances de nuestra pequeña, primero en nuestra pequeña familia y luego visualizados por nuestra tribu, quienes orgullosos reconocen los avances en motricidad fina, capacidad de decidir sobre cuándo, cómo, cuánto y qué comerá, de acuerdo a las opciones que le presentamos, gestionando los alimentos de tal manera que los atoros llegaron a ser resueltos de manera autónoma, siempre con la supervisión y compañía de uno de nosotros.

Pero, por sobre todo, ella nos ha ido mostrando la forma de hacer las cosas, nosotros hemos puesto atención y hemos acomodado lo “convencional” a nuestro estilo de ser padres, de ser familia, todo a su ritmo, a su manera, nosotros acompañando, dentro de un marco de respeto mutuo y de cuidados que faciliten su desarrollo. La alimentación fue un ámbito que pudo ser conflictivo, sin embargo, decidimos convertir nuestra mesa en un espacio familiar, cálido respetuoso y de comunión.

 

 

 

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