Columnas

Miedos y fantasmas en la maternidad

Por Paulina Ruiz, psicóloga / 

foto-columna-los-miedos-y-fantasmas-de-la-maternidad“¿Eres psicóloga? Ah, entonces seguro que sabrás como ser una mejor mamá”. Así han sido estos 11 meses de madre y así fueron los 9 meses de embarazada ante la sociedad. Y aunque efectivamente ser psicóloga te da ciertos beneficios, ninguno de ellos tiene que ver con ser mamá. Una psicóloga tiene que lidiar con miedos y sombras en la maternidad, como cualquier madre que ejerza cualquier otra profesión u ocupación. Porque si hay algo común a todas son precisamente esos fantasmas.

Cuando una mujer se convierte en madre (ya sea de manera biológica o por adopción), aparecen una serie de emociones, sentimientos y miedos que jamás habíamos experimentado. Es algo que te cambia por completo. Nunca –pero nunca– volverás a ser la misma. La maternidad –concepto que incluye cambios físicos, emocionales, psicológicos y espirituales– nos obliga a hacerle frente a nuestros propios temores, nuestros fantasmas y nuestras culpas; todo aquello que nos atormenta en nuestro inconsciente converge fuertemente cuando miramos a ese ser que lo es todo en nuestras vidas. Y lidiar con eso no es fácil. Sobre todo con aquellas experiencias difíciles, traumáticas y tormentosas que vivimos en el pasado, en nuestra infancia, con nuestros padres.

En la vida siempre vislumbramos la opción de ser iguales o totalmente distintos a nuestros papás, pero sin importar cuál sea el camino a tomar, siempre habrán temas de nuestras infancia, de nuestra relación con nuestras figuras significativas que nos atormenten, que nos alteren, recuerdos que pueden dañarnos en ocasiones, y son precisamente estos recuerdos, esta parte de nuestra memoria, que se hace fuertemente presente al momento de ser mamá, el miedo a replicar patrones, a repetir conductas nos comienzan a generan verdaderas sombras en nuestra mente, las que finalmente nos llena de miedos e inseguridades al momento de plasmar lo más puro de nosotras, al momento de dejar nuestra esencia en nuestros hijos.

Lamentablemente no existe ninguna receta mágica que nos evite estas emociones. Creo que la única manera de poder sobrellevar de mejor forma estos momentos es aprendiendo a soltar, a liberarnos, a entender y comprender que muchos de estos pensamientos no son parte de nuestra responsabilidad, no tenemos culpa en lo vivido con nuestras figuras parentales cuando éramos sólo unas niñas. Lo único que podemos hacer, es hacerle frente cuando se presenten estos fantasmas, decirnos a nosotras mismas que no toda historia se repite, que podemos hacer mucho por cambiar el futuro, pero por sobre todo podemos hacer mucho por cambiar el presente de nuestros niños.

Cada madre busca cumplir su rol de la mejor manera posible y tengo la convicción que en esta ardua tarea de ser mamá, cada madre siempre intentará dar lo mejor de sí. Nuestros miedos, nuestros temores, nuestras sombras, nuestros errores, no son lo que nos define como mamás, sino más bien la constante lucha por dar siempre lo mejor de nosotras en el desarrollo, crecimiento y crianza de nuestros retoños.

 

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