Columnas

Crianza por whatsapp

Llegué al chat de madres cuando escuché a una mujer decir a la pasada algo como: “lo leí en uno de los whatsapp de maternidad”. Recuerdo el tono que usó. Hablaba como si fuera algo muy obvio, muy conocido, como si cada madre en el mundo perteneciera a un chat de madres. Pero a mí me pareció curiosísimo; un fenómeno. Así que la llené de preguntas: me dijo que se trataba de un grupo donde había 100 mujeres desconocidas –el máximo de miembros que permitía whatsapp hace un año–, todas madres, funcionaba 24/7, las 24 horas del día y los cupos estaban llenos. Apenas se abriera uno me avisaría, me dijo. Tres días después, me ingresaron y varias me dieron la bienvenida mientras seguían hablando del tema de ese minuto: cacas.

Como era un tema que me convocaba –por ese tiempo teníamos sospechas de alergia alimentaria– no daba más de felicidad. Hablar de cacas libremente, mandar fotos de caca libremente. Paraíso. Empecé a interactuar cada vez más, y luego me enteré que había un chat solo para mamás de guaguas con alergia. Otro de lactancia, otro de vida saludable. Mis notificaciones de whatsapp no paraban y yo métale conversa.

He titulado este fenómeno como la crianza en chat y me parece que es súper representativo de la sociedad en la que estamos, donde la maternidad se ha vuelto tan solitaria. Lo dice mucho mejor que yo Carolina del Olmo, una filósofa española que publicó ¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista, libro en que habla, entre muchas otras cosas, sobre cómo la crianza antes era más fácil por el tipo de redes que tenían las mujeres y que ya no están. Hoy muchas -mi caso, por ejemplo- hemos migrado de regiones a la capital y no tenemos a nuestras mamás ni suegras en la misma ciudad. Tampoco hermanas o tías. Ni hablar las que están en otros países. Tampoco siempre uno tiene amigas con hijos. Y, al final, la crianza se reduce a un espacio súper intimista: pareja e hijo en un departamento sin patio.

La maternidad se vive muy distinta cuando se está acompañada de otras madres. No quiero que esto se entienda como una invisibilización del padre -que en tiempos anteriores estaban tremendamente más alejados de la crianza-, pero conversar con otras mujeres madres es necesario y reponedor. Por algo estos chat de crianza proliferan como la mala hierba: los hay de embarazos múltiples, de introducción de alimentación complementaria, de cómo destetar, de parto respetado.

En estos chat hay varios tipos de participantes. En un esbozo de clasificación, podemos nombrar a la que no habla nunca pero se lo lee todo; a la que cree siempre saber más que el resto; a la que dicta lecciones morales; la que concilia; la que quiere acaparar la conversación; la antroposófica; la que está llena de datos. Como en todos los grupos ¿no? Para mí, han sido una compañía que estuvo muy presente, sobre todo, en los tiempos del postnatal, aunque reconozco que el personaje madre-que-alecciona-al-resto me satura cada vez más. Muchas terminan saliéndose de estos grupos por eso. Pero es un fenómeno interesante que insiste en lo que es cada vez más evidente: necesitamos redes para poder vivir una maternidad feliz.

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