Columnas

No compares a mi hijo

Hace no mucho tiempo atrás, al preguntarle a una de las educadoras de la sala cuna cómo había estado ese día mi hijo, me respondió que bien y acto seguido, sin ninguna pausa, me dijo que aún no gateaba y que otro niño de menor edad ya lo hacía. No le tomé importancia en ese momento, pero después comenzó a molestarme el hecho de que esta profesional tuviera tan poca consideración de los tiempos de mi guagua, tan baja empatía conmigo y que trabajara con paradigmas tan equivocados.

He visto el rostro preocupado de otras madres cuando sus hijos son comparados y quedan atrás. Lo he visto porque es una preocupación que he vivido y que finalmente decidí desterrar en lo posible. Pero no es algo sencillo. Hemos normalizado e integrado la comparación entre nuestros niños. La mayoría de las veces sin malas intenciones, se compara desde la inocencia y a veces también desde la imposibilidad de darse cuenta que es algo que puede molestar a otro; se compara por los hitos alcanzados, si los logró antes o después, la cantidad de “gracias” que hacen, peso y talla, cuán tranquilos son, cuán regalones, si tienen personalidad o son tímidos, si toman leche materna o de vaca, si duermen toda la noche o despiertan varias veces y yo me pregunto: hasta cuándo no respetamos sus propias individualidades, cuántas veces habrá que repetir que cada niño y niña tiene su propio tiempo, su propio ritmo, que viene al mundo con características que lo hacen irrepetible e incomparable y que resulta más sano detenerse a valorar sus propias singularidades por sobre lo que les “falta” por alcanzar. Más sano para el niño, para los padres, para el mundo. 

Hace una semana y sin previo aviso, mi hijo comenzó a gatear en la plaza del lugar donde vivimos, mientras con su papá chochéabamos con esas piernas regordetas que se movían sincronizadamente y agradecíamos por tan bello momento. Ese era su día y no tres semanas atrás cuando la tía me lo hacía ver. Él lo logró en su momento y fue perfecto así. 

No importa si sale favorecido o no, por favor no compares a mi hijo. Llegó a este mundo siendo único para mí y en mi mente no tiene comparación. 

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