Columnas

Por el derecho de mi hija a ser amamantada

Por Yannina Aliaga, abogada / 

Durante las primeras semanas de vida de nuestra pequeña Julieta, una de las principales limitaciones para retomar la rutina y volver a la “vida civil”, fue el tema de la lactancia. Decidir amamantarla no fue algo fácil, ya que la libre demanda no distingue hora y mucho menos lugar, sin duda que pierdes independencia y libertad, por lo que entiendo perfectamente a aquellas madres que por diversos motivos no pueden o no quieren hacerlo. Porque amamantar puede ser una tarea titánica, seas madre primeriza o no. Aparte de tener que acomodarte forzadamente en una plaza o café, intentar lograr el acople perfecto para evitar que la guatita se le llene de aire, debes soportar las miradas lascivas de hombres (sí, es terrible) e inquisitivas de mujeres que de solidaridad con el género poco saben. Pero créanme que soportar eso y atreverme a sacar la pechuga en cualquier lugar, hoy lo hago con la plena convicción que no se trata de un derecho conquistado por modernas mujeres, sino que del derecho de mi hija a ser alimentada con leche materna cada vez que tenga hambre. Un derecho del niño o niña, protegido por la Convención Internacional de Derechos del Niño, ratificada por Chile y por tanto con carácter obligatorio y vinculante para el Estado y todos sus ciudadanos.

Sabido es que la Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y luego mantenerla hasta los dos años de edad. Con el correr de los años se han implementado una serie de políticas públicas por parte del Estado de Chile con el fin de promoverla, como el posnatal de seis meses y la ley de derecho de alimentación de los hijos menores de dos años que, contrario a lo que se puede creer, son derechos que se reconocen a los hijos e hijas y no a la madre trabajadora.

Asimismo, son absolutamente ilegítimas y arbitrarias todas aquellas acciones que intenten restringir el que amamantemos a nuestros hijos e hijas en público, por lo que bien podríamos resguardar su derecho por medio de acciones legales como el recurso de protección. Entonces, si mi hija siente hambre ¿por qué debo restringirme de alimentarla en público? ¿Es válido que un tercero argumente que me encuentro en un sitio que se reserva el derecho de admisión? Estas preguntas las respondo de forma categórica con un NO, ya que nos encontramos frente a un derecho humano de nuestros niños y niñas, de carácter universal. Un derecho del que nadie los puede despojar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s