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Confiar: la clave del destete

Soy de una familia en la que la lactancia materna es muy importante, dar el pecho era lo natural, lo mejor y cuando me convertí en madre tenía la convicción de querer amamantar a mis hijos. No había duda alguna, no había desconfianza en la leche, no había dificultad que no pudiese superar por lograr el objetivo de amamantar. Fui afortunada, emocionalmente estaba preparada para dar el pecho, pues confiaba en mi capacidad de hacerlo y en que eso era lo mejor. Y así tuve una lactancia maravillosa, que sacó lo mejor de mí en muchos ámbitos de mi vida y me permitió una conexión única con ellos. Descarto la idea de que este vínculo fuese sólo gracias a la lactancia, en ningún caso, pero no niego que ese escenario favorece la intimidad, la cercanía física y la satisfacción de necesidades del niño/a de una forma que a mí me enamora.

Sin embargo, nadie me preparó para el momento en que te planteas el destete. Especialmente con mi segundo hijo, cuya lactancia fue más “prolongada”.

Desde la teoría sabía cómo debía hacer, había repasado diferentes estrategias una y otra vez, pero aplicarlo es otra cosa. A ratos me sentía cansada con la idea de seguir y otras soñaba con la idea de extenderla e intentar un destete natural. Decidí confiar y esperar, no sabía realmente qué. Imaginaba que algún tipo de señal que me asegurara, dentro de lo posible, que era el momento.

Siento que esa espera fue la clave: la clave entre lograr un destete respetuoso por sobre uno forzado, al que me negaba rotundamente. Pasaban los meses y mi hijo pedía el pecho a un ritmo que me hacía pensar que esa señal nunca llegaría, intentaba imaginar una dimensión en la que la lactancia no estuviera en nuestra relación y no me hacía sentido, la lactancia era parte de nuestro lenguaje. Me incliné por soltar presiones, tiempos, expectativas y todo aquello que pudiese interferir. No fue fácil hacerlo pero nos resultó, y su “tuti” siguió siendo protagonista en los reencuentros, momentos de pena, juegos y largas noches.

Cuando menos lo creí llegó el momento, no era la señal clara que yo había esperado, sino una mucho más sutil que con el tiempo fui comprendiendo; mi hijo había cambiado sus motivaciones en torno a la lactancia. Cuando lo supe le ofrecí una mamadera, la misma que muchas veces no quiso ni mirar, ahora la empinaba feliz en mis brazos. Tuvimos unas semanas en que alternábamos mamaderas y pecho, hasta que llegó la noche en que, sin saberlo, le di el pecho por última vez.

Fue la última vez y no lo supe, ahí comenzó a resonar el duelo de mi propio destete. Hoy agradezco que ambos hayamos encontrado el momento justo; hasta hace unos días en ocasiones se acordaba y pedía su “tuti”, lo ponía al pecho y se calmaba al mirarlo, quizás al saber que aún seguía ahí si lo deseaba, pero no, nunca más tomó, dimos por finalizada la lactancia de la forma en que soñaba poder hacerlo y hoy comprendo cuan necesario fue confiar, soltar, escuchar mis deseos, los suyos, y esperar…

 

 

Apoyo en el proceso de destete
Natalia González Albornoz, WhatsApp +569 88994712
Psicóloga clínica y Asesora de lactancia materna

 

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