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Confiar: la clave del destete

Soy de una familia en la que la lactancia materna es muy importante, dar el pecho era lo natural, lo mejor y cuando me convertí en madre tenía la convicción de querer amamantar a mis hijos. No había duda alguna, no había desconfianza en la leche, no había dificultad que no pudiese superar por lograr el objetivo de amamantar. Fui afortunada, emocionalmente estaba preparada para dar el pecho, pues confiaba en mi capacidad de hacerlo y en que eso era lo mejor. Y así tuve una lactancia maravillosa, que sacó lo mejor de mí en muchos ámbitos de mi vida y me permitió una conexión única con ellos. Descarto la idea de que este vínculo fuese sólo gracias a la lactancia, en ningún caso, pero no niego que ese escenario favorece la intimidad, la cercanía física y la satisfacción de necesidades del niño/a de una forma que a mí me enamora.

Sin embargo, nadie me preparó para el momento en que te planteas el destete. Especialmente con mi segundo hijo, cuya lactancia fue más “prolongada”.

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Columnas

Lactancia materna en primera persona 

Si me hubiesen preguntado hace un año que expectativas tenía con mi lactancia, habría respondido que esperaba dar seis meses pecho exclusivo -de preferencia en un horario amigable- y luego comenzar a destetar de alguna rápida y mágica manera que surgiría sin dolor para ninguno de los dos… Supongo que somos muchas las que hemos imaginado cosas de nuestra maternidad que luego quedaron en el olvido.

En mi caso pronto cumpliremos un año de lactancia exclusiva, a demanda y no hay planificado destete aún. Ha sido un año de esfuerzos, de algunos contratiempos de los que nunca leí hasta que sucedieron: como la segunda noche de alta demanda en la clínica, las crisis de lactancia, la extracción en mi trabajo para continuar la lactancia exclusiva, entre otros, pero sin duda ha sido una lactancia maravillosa, que me ha llenado de satisfacciones y aprendizajes que me han movilizado de tal manera, que hoy estoy terminando mi formación como asesora de lactancia materna, tan sólo porque estoy convencida de que la lactancia es un factor protector inigualable en la primera infancia. No sólo es nutrición, sino toda la nutrición que nuestros niños necesitan hasta los seis meses de forma exclusiva y hasta los dos años o más de forma complementaria. La leche materna es inmunidad, como órgano vivo, “trasplanta en el niño menor la experiencia inmunológica de su madre adulta”. Esta experiencia biológica es única e irremplazable y marca la salud de nuestros hijos a lo largo de toda su vida. 

La leche materna no es en ningún caso “el apego”, pero la lactancia materna es un escenario inigualable en el que podemos cubrir las necesidades afectivas y de protección de nuestros hijos y en que sí, podemos ser una figura de apego y fomentar un apego seguro en nuestros hijos; pero el apego es mucho más que esto y es bueno desmitificarlo por todas las madres que no han podido o no han querido amamantar. Sigue leyendo “Lactancia materna en primera persona “

Columnas

Cosas que aprendí con mi segundo hijo

Mi hija mayor tenía apenas algunas semanas y un comentario que me quedó grabado a fuego fue el de una prima que con su mejor tono me dijo “…y uno cree que con el segundo es más fácil, pero NO”. No le tomé importancia en ese momento, pero recuerdo haber pensado que eso era imposible; imposible que no fuese más fácil con el segundo… El momento llegó casi 13 años después y, lejos de poder definir si ha sido más fácil o no, hoy reflexiono acerca de las cosas que he aprendido en esta segunda maternidad.  Sigue leyendo “Cosas que aprendí con mi segundo hijo”

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No compares a mi hijo

Hace no mucho tiempo atrás, al preguntarle a una de las educadoras de la sala cuna cómo había estado ese día mi hijo, me respondió que bien y acto seguido, sin ninguna pausa, me dijo que aún no gateaba y que otro niño de menor edad ya lo hacía. No le tomé importancia en ese momento, pero después comenzó a molestarme el hecho de que esta profesional tuviera tan poca consideración de los tiempos de mi guagua, tan baja empatía conmigo y que trabajara con paradigmas tan equivocados. Sigue leyendo “No compares a mi hijo”

Columnas

Sobre el saludo de beso

Desde la mamá y psicóloga que soy, estoy en contra de obligar, insistir o propiciar que los niños y niñas acepten besos, abrazos o caricias si es que no desean hacerlo. Y no es algo antojadizo, simplemente aceptar estas prácticas no sólo expone a nuestros niños, también significa cosificarlos y no considerarlos como un otro; un ser humano en desarrollo que tiene gustos propios, preferencias y que también puede tener temores o rechazos qué hay que considerar. Respetar los límites que naturalmente establecen nuestros hijos les enseña a valorar y cuidar de su cuerpo y previene que silencien situaciones de acoso o abuso a las que pudieran estar expuestos, pues están más preparados para identificar y expresar situaciones que les hagan sentir incómodos o vulnerados.

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Mamá a los 16

Fui mamá a los 16 años, de un embarazo que no planifiqué pero que sí desee desde el primer día. Fui protegida y acompañada por mi familia y amigos más cercanos y gracias a su apoyo y a una fuerza interna que ahora me sorprende, pude traer a mi hija al mundo y criarla hasta el día de hoy, que tiene 13 años. 

Suelen preguntarme si fue difícil y claro que lo fue, pero ¿cuándo ha sido fácil la maternidad? Sigue leyendo “Mamá a los 16”

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Mi primer Quiet Book

Cuando lo conocí me decidí inmediatamente a hacerle uno a mi bebé, pese a que nunca he tenido habilidades especiales para coser, me motivaron todas las posibilidades que existen con el Quiet Book: se trata de un libro artesanal que se define como tranquilo, silencioso, suave y sensorial. En cada una de sus páginas -que son de fieltro, invitando al niño o niña a manipular, experimentar, aprender y un sinfín de posibilidades- hay una propuesta diferente, promoviendo la estimulación sensorial, la psicomotricidad fina, el pensamiento lógico-matemático, además de los procesos cognitivos que supone (percepción, atención, memoria, etc.). Se puede utilizar desde bebés de pocos meses hasta niños en edad preescolar, que pueden involucrarse en su proceso de creación.

Además de los estímulos que suponen los colores, formas y actividades, hay una agradable sensación en tocar el fieltro-de hecho, coserlo ha sido increíblemente agradable para mí también-, lo cual me ha hecho preguntarme: ¿qué me pasa a mí como mamá al hacer este Quiet Book para mi guagua? Y me he encontrado con que no sólo me genera una gran satisfacción, sino que además me relaja y me emociona poder hacer esto para él.

¿Cómo comenzar? Sigue leyendo “Mi primer Quiet Book”