Columnas

Sobre el saludo de beso

Desde la mamá y psicóloga que soy, estoy en contra de obligar, insistir o propiciar que los niños y niñas acepten besos, abrazos o caricias si es que no desean hacerlo. Y no es algo antojadizo, simplemente aceptar estas prácticas no sólo expone a nuestros niños, también significa cosificarlos y no considerarlos como un otro; un ser humano en desarrollo que tiene gustos propios, preferencias y que también puede tener temores o rechazos qué hay que considerar. Respetar los límites que naturalmente establecen nuestros hijos les enseña a valorar y cuidar de su cuerpo y previene que silencien situaciones de acoso o abuso a las que pudieran estar expuestos, pues están más preparados para identificar y expresar situaciones que les hagan sentir incómodos o vulnerados.

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